Wednesday, May 15, 2013

Tuesday, May 14, 2013

Arte para caminar (1): Miedo.

El camino que realiza una persona en la vida no sólo es a través de lo que vive, sino también de todas las manifestaciones artísticas que van nutriendo el intelecto de esa persona. Por eso, voy a realizar una exposición personal, junto con la que estoy creando en los posts de "Dreams of flying", para hablar de aquellas obras que, de una u otra manera, forman parte de mi vida y de mi forma de ver el mundo. O que de alguna forma expresen el camino que esté realizando en este mundo.
Con esto no sólo quiero decir mis obras, buenas o malas, bonitas o feas, sino hablar de por qué precisamente me llegan esas obras y no otras.
Así que, empecemos.

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"Primal Fear", by Jabruson.
Fotografía cogida de aquí.

Si tuviera que describir esta fotografía, diría que es fuerte, dura, desasosegante. Impresiona la cara del mono, con esos rasgos tan humanos (los ojos inyectados en sangre mirando a la cámara, la boca en un rictus de terror, los músculos en tensión), y su cuerpo en alerta para escapar en cualquier momento.
En contraposición, están las caras de los niños. Llama la atención que ellos estén tranquilos, incluso algunos sonriendo. Y también sorprende la fuerza y decisión con que el niño central está cogiendo al mono, quitándole toda posibilidad de huida.
Y son los gestos de los niños los que realmente infunden el terror en la fotografía: son insensibles al terror y el miedo que tiene el mono. A su necesidad de huir. De hecho, en sus gestos se puede percibir cierta frialdad, incluso cierta crueldad. No se sabe qué le sucederá al animal, pero por los gestos de los personajes de la fotografía se puede percibir e imaginar que no será agradable para el prisionero. Y más sabiendo que éste está atado, sin posibilidad de defenderse o escabullirse, obligado a estar a expensas de lo que puedan hacer con él estos niños.
Y pensándolo bien, es horrible. Es horrible lo que cuenta la fotografía: la frialdad y la maldad que pueden tener los niños en la sociedad. La diversión que sienten cuando tienen el poder sobre alguien en alguna situación. Y la impotencia de la víctima, que se tiene que conformar con lo que le vaya a pasar.
Sin embargo, lo peor está por venir: sabemos que esto es real, porque actualmente salen en las noticias temas sobre acoso escolar. Es decir, situaciones que, en definitiva, están mostrando una realidad que no queremos ver: que los niños no son ni tan buenos ni tan inocentes como nos quieren hacer creer en la sociedad. Y que, una vez que sepamos esto, podemos hacer que este mundo sea un mejor lugar, en el momento en el que tanto los padres y los profesores, como la sociedad en su conjunto, creen estrategias para educar a los niños en el camino de la bondad y de la empatía.

Friday, May 10, 2013

El canto a la fantasía y a la inocencia.

Para mí hablar del Peter Pan de Régis Loisel es hablar de algo más que un cómic. Es hablar de una obra que me ha llegado hasta lo más profundo de mi ser. Hablar de un amigo. Hablar de mí.
Quizá por eso te llegan algunos cómics o no. O algunas fotografías y no otras. O ciertas películas. Quizá la razón sea que la historia es un mera carcasa, que lo importante son los personajes con los que te identificas, de una u otra forma, y que con ellos te ves reflejado. O porque empiezas un viaje con esos nuevos amigos (los de la historieta) que jamás terminará.
Y parte de esas sensaciones las encontré en la historia. Su lucha (infantil) contra aquello que detesta. Sus ganas de conseguir los objetivos que siempre se planteó en el camino. Su evolución dentro del relato, y el cambio que pega dentro de la aventura que realiza. Su oscuro pasado.
De hecho, el Peter Pan de Loisel no sólo es un niño que no quiere crecer. Es un niño inseguro, con miedos, con odios, con dudas, y un personaje que huye. Prefiere olvidar y huir, y para ello necesita no crecer. Prefiere ver el mundo con sus ojos, de una manera infantil. Prefiere, en definitiva, no existir, o quizá existir en un mundo inexistente, el de las historias, el de la imaginación de los hombres. Un mundo que no es real, que no es físico, pero que para él tiene sentido.
Cuántas veces he querido ser (y he sido) Peter Pan. Ese Peter Pan. Uno que sufre, que llora, que es tan humano como tú y yo. Un Peter Pan que nunca ha podido o sabido enfrentarse a sus miedos, inseguridades u odios. Y un Peter Pan que decidió que era mejor morir en el mundo de los vivos, y ser una grotesca historia de los seres humanos.

Y ahora que estoy en un periodo de vida en el que decido hacer frente a todos mis miedos, a todas mis inseguridades, vuelves conmigo. Te pegas en mí, y me enseñas que la vida no es justa. Me hablas de ti, de los mediocres y grotescos adultos que conociste, los cuales decidieron traicionar su infancia por vidas vacías y horribles. Me hablas del destino de Picou, que es la antítesis de tu persona. Y me preguntas qué quiero hacer.
Pues mira, Peter, no lo sé. En algo no soy como tú: no sé decidirme. Yo lucho, pero lucho por dos objetivos distintos: quiero ser como tú, y quiero evolucionar. Quiero ser ese niño herido, y un adulto sano. Quiero crecer y, a la vez, no crecer.
Sigue a mi lado, Peter. Nuestra amistad será infinita, porque siempre seré ese niño del que no podré desprenderme. Pero déjame evolucionar, un poquito, déjame ver si dejo de sufrir.
Te quiero, Peter. Te quiero porque tú eres yo, y yo soy tú. Siempre estaremos juntos.
De tu amigo el Señor Naranja.