Para mí hablar del Peter Pan de Régis Loisel es hablar de algo más que un cómic. Es hablar de una obra que me ha llegado hasta lo más profundo de mi ser. Hablar de un amigo. Hablar de mí.
Quizá por eso te llegan algunos cómics o no. O algunas fotografías y no otras. O ciertas películas. Quizá la razón sea que la historia es un mera carcasa, que lo importante son los personajes con los que te identificas, de una u otra forma, y que con ellos te ves reflejado. O porque empiezas un viaje con esos nuevos amigos (los de la historieta) que jamás terminará.
Y parte de esas sensaciones las encontré en la historia. Su lucha (infantil) contra aquello que detesta. Sus ganas de conseguir los objetivos que siempre se planteó en el camino. Su evolución dentro del relato, y el cambio que pega dentro de la aventura que realiza. Su oscuro pasado.
De hecho, el Peter Pan de Loisel no sólo es un niño que no quiere crecer. Es un niño inseguro, con miedos, con odios, con dudas, y un personaje que huye. Prefiere olvidar y huir, y para ello necesita no crecer. Prefiere ver el mundo con sus ojos, de una manera infantil. Prefiere, en definitiva, no existir, o quizá existir en un mundo inexistente, el de las historias, el de la imaginación de los hombres. Un mundo que no es real, que no es físico, pero que para él tiene sentido.
Cuántas veces he querido ser (y he sido) Peter Pan. Ese Peter Pan. Uno que sufre, que llora, que es tan humano como tú y yo. Un Peter Pan que nunca ha podido o sabido enfrentarse a sus miedos, inseguridades u odios. Y un Peter Pan que decidió que era mejor morir en el mundo de los vivos, y ser una grotesca historia de los seres humanos.
Y ahora que estoy en un periodo de vida en el que decido hacer frente a todos mis miedos, a todas mis inseguridades, vuelves conmigo. Te pegas en mí, y me enseñas que la vida no es justa. Me hablas de ti, de los mediocres y grotescos adultos que conociste, los cuales decidieron traicionar su infancia por vidas vacías y horribles. Me hablas del destino de Picou, que es la antítesis de tu persona. Y me preguntas qué quiero hacer.
Pues mira, Peter, no lo sé. En algo no soy como tú: no sé decidirme. Yo lucho, pero lucho por dos objetivos distintos: quiero ser como tú, y quiero evolucionar. Quiero ser ese niño herido, y un adulto sano. Quiero crecer y, a la vez, no crecer.
Sigue a mi lado, Peter. Nuestra amistad será infinita, porque siempre seré ese niño del que no podré desprenderme. Pero déjame evolucionar, un poquito, déjame ver si dejo de sufrir.
Te quiero, Peter. Te quiero porque tú eres yo, y yo soy tú. Siempre estaremos juntos.
De tu amigo el Señor Naranja.



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